El Maestro – Dando a las personas las habilidades para manejar el conflicto

A veces las personas pelean simplemente porque no conocen otra manera de reaccionar cuando ven frustrada una necesidad o cuando surge una diferencia seria. Ayudando a las personas a aprender nuevos valores y habilidades, y asumir nuevas perspectivas, nosotros, como maestros, podemos mostrarles una mejor manera de manejar las diferencias.

Deslegitimar la violencia

El primer paso consiste en enseñar que la violencia no resuelve nada:

  • Antes de iniciar su charla en un salón lleno de adolescentes varones, Michael Harrington pidió a tres de ellos que saltaran en un solo pie. Quería que los muchachos supieran cómo habían sido para él los últimos veinticinco años. Harrington había perdido su pierna derecha en la guerra de Vietnam. Al volver a casa – les dijo a los adolescentes, que lo escuchaban en silencio – a veces volcaba su cólera sobre los otros. El único sonido que se oía provenía de las muletas de aluminio de Harrington. «La fuerza física no me ha llevado a ningún lado», dijo. «Hablar es el camino. Negociar es el camino. La violencia no lo es.»
  • El proyecto educativo de Veteranos de Massachusetts, envía a los veteranos de guerra (entre ellos Harrington) a las escuelas de todo el Estado de Massachusetts. Ellos narran sus historias sobre el modo en que la violencia los ha afectado personalmente, y así estimulan a los adolescentes a hablar sobre la violencia en sus propias vidas. «Explicamos que, en cuanto uno ha aprendido a actuar violentamente en la calle, resulta difícil volver al hogar y ser un hijo, un novio, o un padre solícito», dice uno de los veteranos. Esto realmente los toca, porque estos chicos, quienes en su mayoría nunca tuvieron un padre, quieren llegar a ser buenos padres.» Finaliza.
  • Tom Winstone, un protestante irlandés condenado por el asesinato de dos católicos en 1974, subraya la importancia vital de los testimonios de las personas mayores a los más jóvenes. Después de salir de la prisión, Winstone se dedicó ayudar a los jóvenes protestantes a no caer en la violencia: «Cuando yo tenía 15, 16, 17 años, no hubo nadie que me dijera: «yo seguí este camino y no dio resultado, porque era un camino equivocado».»

Enseñar la tolerancia

La alternativa a la violencia es la tolerancia. Tolerar no significar estar de acuerdo con el otro, ni ser indiferente frente a la injusticia, sino demostrar respeto por la humanidad esencial presente en toda persona. Cada día, todos tenemos la oportunidad de enseñar a los niños a respetar al prójimo, a sus creencias y prácticas, aunque no lo hagamos más que tratando de dar el ejemplo nosotros mismos.

Hoy en día se está comenzando a enseñar la tolerancia en las escuelas de todo el mundo, desafiando los antiguos prejuicios y estereotipos.

  • En Irlanda del Norte, la mayoría de los escolares siguen un programa denominado «Educando para el entendimiento mutuo», mediante el cual adquieren conocimientos sobre las tradiciones, la historia y la cultura de las comunidades protestante y católica.
  • La Escuela para la Paz de Neve Shalom/Wahat al-Salaam, una comunidad judeo-árabe de Israel, ha organizado talleres «de encuentro» y campamentos de verano para más de dieciséis mil niños árabes y judíos.
  • En los Estados Unidos, más de cincuenta mil escuelas usan un programa denominado «Enseñando la Tolerancia». Los alumnos de las escuelas públicas de Boston aprenden a asumir la perspectiva de los otros y desarrollar empatía escribiendo historias personales y leyéndolas ante la clase.

Si la paz ha sido elusiva para esta generación de adultos, estos programas inspiran confianza respecto a la nueva generación.

En una escala incluso mayor, la televisión y la radio tienen un potencial enorme como instrumentos para enseñar la tolerancia y el respeto.

  • El programa infantil Plaza Sésamo, ahora televisado en cien países, ilustra la amistad que atraviesa las fronteras de los grupos. En la versión canadiense hay niños de habla inglesa que juegan con otros de habla francesa; en la versión holandesa interactúan holandeses, marroquíes, turcos y surinameses. Según investigaciones, es más probable que los pequeños espectadores extiendan la mano por propia iniciativa y hagan amigos atravesando las diferencias.
  • En Burundi, un país desgarrado por la violencia étnica, el radioteatro presenta a los hutu y los tutsi viviendo juntos, haciéndose amigos y casándose entre sí.

Enseñar la resolución conjunta de problemas

La tolerancia no basta; la gente necesita modos prácticos de abordar las tensiones cotidianas para que no se intensifiquen hasta convertirse en conflictos dañinos y violencia.

  • En miles de escuelas primarias y secundarias de los Estados Unidos se han establecido programas para enseñar a los niños las habilidades vitales como resolución de problemas, comunicación, empatía, manejo de la cólera y la resolución de conflictos. A las siglas LEA (Lectura, Escritura, Aritmética), hay que añadirle una cuarta letra, la R, inicial de Resolución. «Por qué no lo intentamos de este modo?», aprenden a preguntar los niños. Mediante el desempeño de roles y la discusión, ahora practican el modo de reaccionar en situaciones potencialmente explosivas, y a pensar dos veces sobre las pequeñas cosas que pueden convertirse en peleas peligrosas.
  • Los niños también pueden enseñar a sus compañeros. Cuatrocientos muchachos de Detroit, entre ellos miembros de pandillas y adolescentes de familias ricas, recibieron entrenamiento intensivo en resolución de conflictos en el Centro Martin Luther King de Atlanta y después volvieron a sus respectivas escuelas y procedieron a enseñar lo que habían aprendido a veintiocho mil estudiantes de escuelas secundarias.

Es posible que algún día los niños reciban una educación universal en la resolución conjunta de problemas, el manejo de la cólera y la resolución de conflictos. Así como la educación física se ha convertido en una parte normal del currículo, es posible que lo mismo ocurra con la educación socioemocional.

También los adultos pueden aprender resolución de problemas:

  • En medio de una importante reorganización en un hospital de St. Paul, Minnesota, recrudecieron los conflictos entre compañeros de trabajo. Los empleados, los líderes sindicales y los gerentes se reunieron y organizaron un programa de habilidades denominado «Comunicación y conflicto en el lugar de trabajo», con la finalidad de enseñar a manejar el conflicto, las tensiones y las relaciones interpersonales con los compañeros de trabajo. Impartido por empleados voluntarios, el programa mejoró la productividad y la calidad de la atención a los pacientes, así como el ambiente de trabajo.

En las universidades, los centros de trabajo y los centros comunitarios se están multiplicando los cursos de este tipo sobre las habilidades para la negociación cooperativa.

Todos, en todas partes, podemos aprender y enseñar maneras de abordar las diferencias. La meta de la enseñanza es ayudar a crear una cultura de cooperación y conflicto constructivo, una auténtica «co-cultura».

Recursos

Breve Bibliografía

  • Bodine, R. and D. Crawford (1997). The Handbook on Conflict Resolution Education: A Guide to Building Quality Programs in Schools. San Francisco: Jossey Bass.
  • Girard, J. and S. Koch (1996). Conflict Resolution in the Schools: A Manual for Educators. San Francisco: Jossey Bass.
  • Godine, R. (1994). Creating the Peaceable School: A comprehensive Program for Teaching Conflict Resolution. Research Press.
  • Landry, E., D. Kolb, and J. Rubin (1991). Curriculum for Negotiation and Conflict Management. Cambridge, MA: PON Books.
  • Ury, William (2000). The Third Side:Why We Fight and How We Can Stop. New York: Penguin.

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