El Sanador – Reparando Relaciones dañadas

En el núcleo de muchos conflictos hay emociones: cólera, miedo, humillación, odio, inseguridad y aflicción. Las heridas pueden ser profundas. Incluso cuando un conflicto parece resuelto después de un proceso de mediación, arbitraje o votación, es posible que las heridas subsistan y, junto a ellas, el peligro de recurrencia. Un conflicto no se puede considerar totalmente resuelto hasta que haya comenzado a sanar la herida dañada. El rol de el Sanador es ayudar en este proceso.

Crear el clima adecuado

Lo ideal es que la curación no se realice sólo al término del proceso de resolución de la disputa, sino al principio. Un muro psicológico de sospecha y hostilidad puede separar a las partes más definitivamente que cualquier pared de piedra. Nuestra tarea como Sanadores consiste en atravesar ese muro psicológico.

  • «Las personas me llamaban enojadas -explica Timothy Dayonot, un funcionario de relaciones comunitarias de la Universidad de California en San Francisco-. Siempre había alguna queja: estudiantes ruidosos, el tráfico, la construcción o la radiación de los laboratorios. Yo las escuchaba con calma y después, cuando hacían una pausa les preguntaba: «¿Tiene a mano una lapicera y un papel?» «¿Por qué?», me preguntaban a su vez, irritadas. «Porque quiero que anote el número de teléfono de mi casa. Cada vez que tenga un problema, de día o de noche, por favor llámeme.» Quedaban tan sorprendidos (habían esperado alguna especie de rodeo burocrático) que su tono cambiaba de inmediato, empezaban a confiar en mí, y entonces podíamos conversar sobre el problema.» En los cinco años durante los cuales Dayonot estuvo en el puesto, sólo una vez lo llamaron por teléfono a su casa, y fue un quejoso que había quedado tan impresionado por su trato amable que había decidido ofrecerle un empleo.

No sólo se crea confianza entre los individuos, sino también entre las naciones:

  • En 1977 el presidente egipcio Anuar el Sadat conmovió al mundo cuando ofreció volar a Jerusalén, la capital de los enemigos, para hablar sobre la paz. Por primera atravesó el muro psicológico que separaba a árabes e israelíes. Hasta ese momento ningún líder árabe había reconocido públicamente la existencia del Estado de Israel, ni siquiera pronunciaban su nombre: siempre había sido «la entidad sionista». De la noche a la mañana, el viaje sorpresivo de Sadat a Jerusalén, realizado una semana después de su ofrecimiento, captó la imaginación de millones de personas, tanto israelíes como árabes, y creó el clima que condujo al acuerdo de paz de Camp David entre Egipto e Israel.

Escuchar y reconocer

Uno de los métodos más poderosos para curar una relación es también el más sencillo. Consiste en escuchar, en prestar una atención total a la persona agraviada mientras ella tenga algo que decir. El reconocimiento refuerza el efecto de la escucha:

  • «Yo valido su sensación de frustración», explica Dana Langley, una representante del servicio al cliente de Bell Atlantic, que trata día tras día con clientes coléricos. «Reconocemos que sus preocupaciones son legítimas y demostramos comprenderlas. Entonces se calman.»
  • En la terapia de pareja y en los talleres para matrimonios, esposos y esposas aprenden a escuchar y reconocer los sentimientos del otro.

Por cierto, ocurre a menudo que lo que más desea realmente una persona es la oportunidad de hacer escuchar sus quejas y de que otros la reconozcan.

No sólo se cura reconociendo los sentimientos, sino también reconociendo la verdad:

  • En Sudáfrica después del apartheid, el presidente Nelson Mandela creó una Comisión de la Verdad y Reconciliación con el mandato de recopilar e investigar los relatos de las víctimas del apartheid, amnistiar a quienes confesaran su participación en las atrocidades, y recomendar reparaciones para las víctimas. El propósito era utilizar el poder curativo de la verdad para que el pasado brutal no siguiera agitándose. Limitada por el tiempo y los recursos, es posible que la investigación no haya satisfecho la necesidad de justicia de todos los involucrados, pero sí ayudó a muchas víctimas y sus familias. Después de testificar ante la comisión, una víctima, Lucas Baba Sikwepere, que había sido cruelmente cegado por un oficial de policía conocido como «Rambo», declaró lo siguiente: «Siento que lo que me tenía mal durante todo este tiempo era el hecho de que no podía contar mi historia. Ahora parece que he recuperado la vista al venir aquí y contarles lo que ocurrió.»

Alentar las disculpas

Las disculpas, ofrecidas sinceramente, son vitales para hacer cicatrizar las heridas emocionales y restaurar relaciones dañadas. Como terceros, a menudo basta con nuestro aliento.

  • «La última reunión cambió el modo en que veíamos a nuestro matrimonio -le dijo un esposo al terapeuta que los había estado atendiendo a él y su mujer durante algún tiempo-. A pesar de todo lo que logramos durante todo este último año gracias a usted, esa pregunta sobre si alguna vez nos perdonaríamos el uno al otro fue tal vez la más importante que usted haya formulado.» El terapeuta se sorprendió pues casi no recordaba haber hecho esa pregunta. Pero allí hubo un punto de inflexión. Hasta eso momento la pareja se había estado alejando lentamente del divorcio, pero después, según refiere el terapeuta, ese lento proceso se convirtió en una transformación radical. «Su meta era el perdón, y trabajaron con empeño en alcanzarla. Los resentimientos fueron debilitándose, la esperanza surgió sana y vigorosa, y volvieron a enamorarse. Seis meses después de terminada la terapia, el vínculo seguía fuerte».

La reacción de la comunidad ante la violencia es lo que a menudo empuja a los involucrados en el sentido de la venganza o de la reconciliación:

  • Cuando en diciembre de 1997 un adolescente fue asesinado en Boston (el primero luego de más de dos años), los vecinos no respondieron como lo habían hecho siempre, añadiendo más cerraduras a las puertas de calle. En lugar de ello, concurrieron en gran número a ofrecer sus condolencias a la familia y a expresar su preocupación por la violencia futura. Esta fue una acción auténtica del tercer lado en acción. Los amigos de la víctima hablaban de venganza, pero en el funeral Carl Jefferson, primo del joven asesinado, dijo: «Su sangre clama. ¿Qué haremos con respecto a su vida y su legado? Pongamos fin a esta violencia.» Y no hubo ningún asesinato por venganza.

El perdón no es fácil:

  • «Hay quienes dicen que el perdón es para los débiles» -escribe Marietta Jaeger. «Bien, yo digo entonces que ellos nunca deben haberlo intentado. El perdón requiere trabajo arduo. Hace falta una disciplina diligente, hay que acorralar constantemente nuestros más bajos instintos, cuidarlo que decimos, y negarse a quedar atrapado en la mezquindad de nuestra época. No significa que olvidemos, que absolvamos de responsabilidades. Significa que dejamos que el odio se vaya, que tratamos de separar la pérdida y el costo, respecto de la recompensa o el castigo que consideramos merecidos.» «Esto es lo que me ocurrió», explica Jaeger cuando narra de qué modo llegó a hablar con el hombre que mató a su hija de 7 años, e incluso a perdonarlo.

Recursos

Breve bibliografia

  • Washington, R. and G. Kehrein. (1996). Breaking Down Walls : A Model for Reconciliation in an Age of Racial Strife. Moody Press.
  • Menkin, E.S. and L. Baker. «I Forgave My Sister’s Killer: I couldn’t begin to heal until I let go of my hatred.» Ladies’ Home Journal, December 1995.
  • Price, M. «Victim-Offender Mediation: The State of the Art.» VOMA Quarterly Volume 7, Number 3: Fall-Winter 1996.
  • Ury, William (2000). The Third Side:Why We Fight and How We Can Stop. New York: Penguin.
  • Volkan, V. and Zintl, E. (1993). Life After Loss: Lessons of Grief. New York: Charles Scribner’s Sons.

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