El Guardián de la Paz – Proveyendo protección

Cuando se violan las reglas y los límites establecidos para la lucha, la comunidad necesita tomar las mínimas medidas de fuerza que puedan detener el conflicto dañino. No necesariamente el Guardián de la Paz debe ser un especialista, como la policía y las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas, ya que el mantenimiento de la paz es una tarea en la comunidad que cualquiera puede ser llamado a cumplir. Cuando dos chicos pelean, el adulto puede ponerse en medio y, si es necesario, apartarlos físicamente. Los mejores Guardianes de la Paz nunca pelean. Nunca lo hacen porque no tienen necesidad de hacerlo. Logran sus fines interviniendo tempranamente y empleando la persuasión.

Interponerse entre las partes

Interponerse es quizás la medida más obvia que puede adoptar un Guardián de la Paz para detener un conflicto en escalada:

  • Cuando dos hombres tienen un altercado en un espacio público, sus pares pueden separarlos.
  • Cuando las pandillas rivales de Los Ángeles comenzaban a mirarse de manera amenazante, un grupo de madres se interponía regularmente; cuando el miembro de una pandilla fue asesinado, las madres acompañaron a los integrantes de la pandilla del difunto, que en el curso de la ceremonia funeraria pudieron atravesar el territorio de la pandilla rival sin ser atacados.

También los vecinos pueden intervenir:

  • El propietario de una pequeña empresa de mudanzas en Lincoln, Nebraska, rutinariamente responde a llamadas de emergencia del Centro de Crisis que se ocupa de violaciones y maltratos a esposas de esa localidad. El aparece rápidamente con su camión y ayuda a las víctimas de violencia doméstica a huir con todas sus pertenencias. Este puede ser un trabajo peligroso. En un caso, según relata: «Sabíamos que el esposo portaba armas y podía estar pronto de regreso. Tratamos de apurarnos, pero la lluvia nos demoraba. Finalmente le hablamos al hijo de la mujer, y le dijimos «Si ves que vuelve tu papá, tienes que llamar al sheriff». Afortunadamente, pudimos hacerlo todo antes de que reapareciera el esposo.»

Por fortuna, existe el sheriff. Cuando estalla una pelea, la gente puede llamar a la policía. «¡Muy bien, ya fue suficiente! ¡Sepárense!», es un grito conocido.

  • Para evitar la violencia durante la noche, la policía de Nueva York y de otras ciudades patrullan los vecindarios donde hay pandillas, trabajando junto con la comunidad a fin de asegurar que los adolescentes sometidos al régimen de libertad condicional no estén en las calles.
  • En los puntos conflictivos de todo el mundo, interponerse es quizás el principal rol de las fuerzas de paz internacionales, que establecen y ocupan zonas de distensión entre fuerzas hostiles. Desde África hasta América Central y desde Europa hasta Asia, hombres y mujeres de decenas de países, muchos de los cuales son ex enemigos, trabajan juntos como Guardianes de la Paz, arriesgando sus vidas para que otros puedan sobrevivir.

Imponer la paz

A veces la comunidad tiene que dar un paso más y emplear la fuerza para proteger al inocente y detener al agresor. Por más fuerte que sea un agresor, el tercer lado es potencialmente más fuerte.

  • Consideremos el modo en que un grupo de muchachas liberó a otra que era llevada por la fuerza por seis muchachos, en un barrio obrero de México. «Ella gritaba y pateaba» dice la antropóloga Laura Cummings. «Entonces algunas de esas mujeres de barrio, cuatro o cinco muchachas, los rodearon y les gritaron que dejaran a la víctima. Todos los hicieron, salvo uno. Las mujeres tomaron piedras y palos y comenzaron a golpearlo. Finalmente él dejó ir a la muchacha& Los compañeros permanecieron en círculo sin intervenir.» El poder del número ayudó a liberar a la víctima, mientras que la legitimidad de la intervención de las jóvenes mujeres ayudó a neutralizar a los aliados del atacante.

También ha habido experimentos de imposición de la paz en la escena internacional:

  • Cuando Saddam Hussein invadió Kuwait, en agosto de 1991, y se negó a retirar sus tropas, las fuerzas de treinta y ocho países de todo el mundo, operando por mandato de las Naciones Unidas, expulsaron a las fuerzas iraquíes y liberaron Kuwait.
  • La comunidad internacional no sólo estableció un precedente de rechazo a la agresión, sino que también – de manera notable – intervino para defender a una minoría étnica en peligro. Pues cuando Saddam Hussein envió a las unidades remanentes de su ejército para aplastar a los kurdos que se habían alzado contra él, la comunidad internacional intervino por segunda vez creando una zona protegida para los kurdos en el norte de Irak.
  • Si bien ambos casos fueron excepcionales, y su éxito fue relativo, en conjunto apuntan a la posibilidad de que algún día el genocidio y la agresión sean detenidos por la voluntad armada de una comunidad internacional unida.

Prevenir la violencia antes de que estalle

Aunque necesaria en su momento, una paz impuesta, como aquella de la Guerra del Golfo, siempre va acompañada de tragedias. Mucho mejor que detener una lucha desencadenada es prevenirla antes de que se inicie. Una advertencia adecuada y temprana permite que la intervención sea más que una posibilidad hipotética.

  • Por ejemplo, si una fuerza de paz internacional se hubiera desplegado en la frontera entre Kuwait e Irak durante la semana en que las tropas iraquíes tomaron posiciones para invadir, por cierto no habrían podido impedirles físicamente que avanzaran, pero Saddam Hussein hubiera recibido una señal inequívoca de lo que podía esperar si procedía al ataque. Hussein, un hombre despiadado pero calculador, seguramente hubiera decidido retirar sus tropas.
  • Tres años más tarde, en Ruanda, la ausencia de prevención fue incluso más dramática. Como lo ha atestiguado el teniente general Romeo Dallaire, comandante de la misión local de asistencia de las Naciones Unidas, y como lo confirmó un grupo de oficiales superiores, una intervención realizada dos semanas antes del estallido inicial de violencia habría detenido el derramamiento de sangre y proporcionado un ámbito seguro en el cual los líderes hutu y tutsi podrían haber reducido sus tensiones étnicas. Cinco mil hombres adecuadamente entrenados y armados como Fuerza de Paz de las Unidas -insiste el general Dallaire- habrían salvado las vidas de medio millón de niños, mujeres y hombres.
  • Como ejemplo exitoso de la prevención de la violencia, recordemos el caso de la ex república yugoslava de Macedonia en los seis años inmediatamente posteriores a la declaración de su independencia. Desde el principio Macedonia se vio amenazada por una eventual anexión a sus vecinos, y dividida por las luchas étnicas internas, pero no colapsó, gracias en buena parte al despliegue proactivo de un contingente internacional de paz en el año 1993. Su presencia sirvió para calmar las tensiones y promover una sensación de seguridad. Si bien el momento en que escribimos estas líneas el futuro de Macedonia sigue siendo incierto, es imposible negar el éxito del despliegue de las Fuerzas de Paz en el transcurso de los años.

La lección proviene directamente de Sun Tzu: el mejor Guardián de la Paz nunca pelea. Nunca pelea, porque no necesita hacerlo. Logra sus fines interviniendo tempranamente y empleando la persuasión.

  • Las fuerzas policiales estadounidenses han aprendido esta lección, a veces de manera dolorosa, en el curso de las últimas dos décadas. Por ejemplo, su antiguo enfoque ante una toma de rehenes era «el método de John Wayne». Rodear el lugar, tomar un megáfono y enviar un ultimátum al delincuente: «¡Tienes tres minutos para salir con las manos en alto!». Transcurrido los tres minutos, arrojaban gas lacrimógeno y entraban a la carga. El resultado más frecuente era la muerte de rehenes, policías y delincuentes. La tragedia de 1993 en Waco, Texas, en la cual las fuerzas del FBI tomaron por asalto el refugio del grupo religioso de los davidianos era perfectamente predecible: en el incendio que se produjo murieron innecesariamente 76 personas.

  • El enfoque alternativo y más eficaz consiste en rodear el lugar y hablar por teléfono. Hablar puede tomar horas, días, o incluso más, pero con paciencia y capacidad para escuchar y negociar, la policía puede hacer que la gran mayoría de situaciones con toma de rehenes concluya con un final pacífico, sin víctimas y con la rendición de los delincuentes.

Recursos

Bibliografia breve

  • Otunnu, O., M. Doyle, Eds. (1998). Peacemaking and Peacekeeping for the New Century. New York: Rowman and Littlefield.
  • Shusta, R., D. Levine, and P. Harris. (1994). Multicultural Law Enforcement: Strategies for Peacekeeping in a Diverse Society. Prentice Hall.
  • Ury, William (2000). The Third Side:Why We Fight and How We Can Stop. New York: Penguin.
  • Weber, T. and E. Boulding. (1996). Gandhi’s Peace Army : The Shanti Sena and Unarmed Peacekeeping. Syracuse: Syracuse University

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