El Equilibrador – Democratizando el Poder

Un conflicto se produce siempre en el contexto más amplio de una relación de poder. El desequilibrio de poder a menudo conduce al abuso y la injusticia. Los fuertes se niegan a negociar con los débiles, o a someter la disputa a la mediación o al arbitraje. ¿Por qué deberíamos hacerlo, si podemos ganar?, piensan. En este punto puede realizar su aporte el Equilibrador. Todos tenemos una cierta porción de poder, algún grado de influencia sobre las partes que nos rodean. Es posible que como individuos nuestra influencia sea pequeña, pero colectivamente puede ser considerable. Somos capaces de fortalecer a los débiles y no representados, para que puedan negociar una resolución justa y mutuamente satisfactoria.

Ayudar a llevar al poderoso a la mesa de negociaciones

Todos tenemos muchas de esas oportunidades para usar nuestra influencia con el fin de que inicien negociaciones productivas.

  • Un padre puede equilibrar el poder entre el hijo mayor y el hijo menor, insistiendo en que lleguen a un acuerdo justo para ambos.
  • Un jefe puede llevar al director de un departamento importante en la empresa a negociar con un rival más débil una solución equitativa.
  • Un conjunto de editoriales en los periódicos puede promover conversaciones entre una empresa renuente al dialogo y su sindicato, o a la inversa.
  • Los países vecinos de una nación desgarrada por la guerra civil pueden ejercer una presión diplomática sobre el gobierno, para conversar con los rebeldes.

Por supuesto, conseguir que los débiles y no representados se sienten como iguales a la mesa de negociaciones es sólo el primer paso. A menudo el Tercero debe seguir interviniendo para que las partes lleguen a un acuerdo equitativo y lo pongan en práctica.

  • Por ejemplo, el trabajo del defensor en una organización, que por lo general informa directamente al director ejecutivo, consiste en equilibrar el poder entre un empleado (o un cliente) débil y alguien más poderoso (por ejemplo, un supervisor), de modo que el problema (discriminación racial, acoso sexual o una cuestión menos grave) se pueda abordar con justicia y obtenga una solución que se implemente completamente.

Crear una democracia cooperativa

El hecho de intervenir para generar una negociación solo equilibra el poder de modo temporal. Como terceros, podemos crear una democracia y promover un reparto justo del poder en términos más duraderos.

La creación de una democracia cooperativa ayuda a manejar las disputas difíciles, comenzando por el hogar. Las reuniones familiares ampliamente participativas permiten ventilar los disensos y elaborar acuerdos creativos.

  • «Nos reunimos más o menos una vez por mes, lloramos lo que hay que llorar, hablamos y lo decimos todo», explica un padre de familia. Padres e hijos participan como iguales en las reuniones, ayudando a tomar decisiones, por ejemplo, acerca de la distribución de las tareas domésticas o del lugar a donde viajar por las vacaciones. Compartir el poder no es fácil, pero puede dar resultado si la gente aprende a asumir el tercer lado.

La democracia cooperativa también se puede aplicar en las escuelas:

  • La estrategia más eficaz para impedir la violencia en las escuelas estadounidenses no es instalar detectores de metales, sino hacer participar a los alumnos en un proceso de resolución de problemas. A menudo los adultos no comprenden la profundidad de las pasiones adolescentes ni aquello que hace estallar a los jóvenes: los insultos, la presión para que se amolden, las burlas en las duchas de la escuela. Pero los compañeros pueden entender, y con frecuencia tienen mejores ideas de qué es lo que puede resolver el problema.
  • Por ejemplo, en una cafetería escolar se producían regularmente peleas al mediodía; los alumnos sugirieron que hayan dos colas separadas, una para la pizza y otra para la ensalada. Las peleas cesaron.

La democracia también ayuda a poner fin a la guerra:

  • En Italia cesó la violencia cuando, en la década de 1970, se le acordó la autonomía a la minoría de habla alemana.
  • En Malasia, la lucha entre la etnia malaya y china había desangrado al país las décadas de 1950 y 1960; ambas comunidades aprendieron a compartir el poder, y en las décadas de 1970 y 1980 llegaron a disfrutar de paz cívica y prosperidad.
  • Actualmente se está realizando un gran experimento en Irlanda del Norte. En mayo de 1998 los ciudadanos de toda la isla, tanto del Norte como del Sur, votaron por primera vez en una misma elección. Actuando como miembros del tercer lado, la mayoría de los ciudadanos dieron su respaldo a una solución pacífica que reparte el poder político en el Norte entre protestantes y católicos. «El conflicto no ha terminado – reflexionó en la radio un irlandés esperanzado – pero la guerra sí».

Respaldar la acción no violenta

A veces la gente recurre a la violencia por desesperación, creyendo que no hay otro modo de abordar sus necesidades. Incluso en una democracia los mecanismos formales de gobierno pueden ser insuficientes para corregir las injusticias. Depende de nosotros, como parte del tercer lado, demostrar que la acción no-violenta puede solucionar problemas. Por cierto, el apoyo de la comunidad es el mecanismo clave a través del cual la acción no-violenta alcanza sus metas en última instancia.

Nadie ha hecho más que el Mahatma Gandhi por desarrollar y popularizar la herramienta de la acción no-violenta:

  • A principios del siglo XX Gandhi estaba decidido a liberar a la India de su sometimiento secular a Inglaterra de la misma manera que estaba decidido a hacerlo sin emplear la violencia. En esa época, la mayoría de las personas pensaban que su empresa era ridícula. «¿Cómo podría un hombre enfrentar al Imperio Británico, el más grande del planeta? ¿Cuántos batallones tenía Gandhi?», preguntaron despectivamente sus oponentes. Pero con el tiempo Inglaterra se debilitó, se hastió de los costos del imperio, y Gandhi se fue haciendo cada vez más fuerte.
  • Gandhi elaboró cuidadosamente una estrategia para medir el poder en los términos de la disposición del pueblo a sufrir por la causa, sin infligir un daño violento al adversario. Mediante acciones no-violentas tales como violar las leyes injustas e inundar las cárceles de la India colonial, boicotear los textiles ingleses, provocar la ira de los británicos y aceptar los castigos violentos que ellos repartían, persuadió a un país inmensamente más poderoso desde el punto de vista militar convencional para que se retirara pacíficamente de un territorio que había ocupado durante cuatrocientos años.
  • Gandhi tuvo éxito movilizando a la propia comunidad, millones de indios de todos los sectores sociales. También supo suscitar una amplia simpatía y apoyo a su causa en todo el mundo, incluso en la propia Gran Bretaña. El tercer lado, tanto fuera como dentro de la India, mantuvo bajo control a los oficiales ingleses que aconsejaban el empleo de la fuerza irrestricta para terminar con Gandhi y sus seguidores.

Los esfuerzos de Gandhi inspiraron el empleo de la acción no-violenta en todo el mundo:

  • En la década de 1960, Martin Luther King condujo el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, realizando una eficaz campaña no-violenta destinada a obtener derechos iguales para los negros.
  • En la década de 1980, las protestas no-violentas en Polonia, Alemania Oriental y Checoslovaquia, orgnizadas por los sindicatos, la iglesia y otras instituciones civiles, ayudaron a poner fin a la dictadura comunista.

En todos esos casos el público actuó como el tercer lado, y ayudó a equilibrar el poder entre los débiles y los fuertes.

La acción no-violenta va mucho más allá de la arena política:

  • Comienza con los bebés: el llanto, después de todo, es un intento no-violento para inducir a los adultos grandes y poderosos a satisfacer las necesidades del niño.
  • En el lugar de trabajo, los trabajadores hacen huelga y los gerentes recurren al cierre temporal de las instalaciones cuando ocurre un impasse en las negociaciones.
  • También en las escuelas los alumnos aplican la acción no-violenta. A fines de la década de 1960 doscientas niñas, violando el reglamento, fueron con pantalones a una escuela secundaria de Massachusetts. La directora enfrentó entonces un dilema desagradable: tenía que suspender a las doscientas alumnas, o modificar el reglamento. Sensatamente, escogió la última alternativa.

El que los poderosos acepten negociar con los débiles es algo que por lo general depende del resto de nosotros. Estemos o no de acuerdo con la causa específica que hay detrás de una protesta no-violenta, una huelga, un cierre temporal o un boycott de consumidores, como Equilibradores podemos respaldar la no-violencia y ayudar a que la parte más débil lleve a sus oponentes a la mesa de negociaciones.

Recursos

Bibliografia breve

  • Ackerman, P. and C. Kruegler. (199). Strategic Nonviolent Conflict: The Dynamics of People Power in the Twentieth Century. New York: Praeger.
  • King, Jr. M.L. (1958) Stride Toward Freedom: The Montgomery Story. New York: Harper & Brothers.
  • Laue, J. and G. Cormick. (1978). «The Ethics of Intervention in Community Disputes.» In ed. Bermant, G., H. Kelman and D. Warwick, The Ethics of Social Intervention. Washington, DC: Halsted Press, PP. 205-232.
  • Gandhi, M. (1983). Autobiography: The Story of My Experiments with Truth. Dover Publishers.
  • Sharp, G. (1973). The Politics of Nonviolent Action Volumes 1, 2, and 3. Boston: Porter Sargent Publishers.
  • Ury, William (2000). The Third Side:Why We Fight and How We Can Stop. New York: Penguin.
  • Volkan, V. (1988). The Need to Have Enemies and Allies: From Clinical Practice to International Relationships. Northvale, NJ: Jason Aron

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